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Nicola Tesla

Nicola Tesla:

El guardián del rayo

Para unos fue un genio, para otros un loco y hay quienes piensan que fue un extraterrestre. Sin duda sí que fue un personaje peculiar.
Nicola Tesla fue una de las mentes más brillantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, los logros de este inventor fueron ensombrecidos por su contemporáneo Thomas Edison y por una sociedad que no quiso honrar a un extranjero capaz de opacar la capacidad inventiva de su máximo héroe científico. Sin embargo, su obra abarca más de 700 patentes que incluyen las bases del sistema de televisión, la radio, el microondas y el polémico sistema de defensa estadounidense conocido como "la guerra de las galaxias".

   
Nicola Tesla

Nicola Tesla nació en 1857 en el pequeño pueblo de Smiljan, en Croacia, en el seno de una familia de origen serbio. Su padre era un sacerdote ortodoxo y su madre una analfabeta apasionada por la poesía.

Desde pequeño, demostró tener una prodigiosa memoria y una igual afinidad por las ciencias humanísticas.

Para aprovechar sus dotes, sus padres lo enviaron al Instituto Politécnico de Gratz y más tarde a la Universidad de Praga, en donde se graduó de ingeniero.

Dueño de una brillante inventiva, tuvo su primer trabajo en 1882 en la sede parisiense de las empresas Edison y luego en Estrasburgo, Austria, en donde, en sus horas libres, desarrolló el primer motor de inducción.

 

En 1884, con muy poco dinero (en su biografía cuenta que desembarcó con sólo 4 centavos en sus bolsillos) emigró a los Estados Unidos para intentar una carrera. En Nueva York comenzó casi de inmediato a trabajar en los laboratorios de Thomas Edison en donde terminó de desarrollar muchos de los trabajos sobre los que el máximo inventor norteamericano trabajaba hacia muchos años. La capacidad inventiva de Tesla y los celos profesionales de Edison hicieron que la relación entre ambos terminara con el despido de Tesla.

Pero Tesla no se rindió y comenzó a juntar fondos para armar su propio laboratorio. Allí desarrolló el primer sistema de corriente alterna (AC), una forma mucho más sencilla y segura de utiliar la electricidad que el método continuo propuesto por Edison.

Un año más tarde, George Westinghouse, un millonario que invertía en el negocio de la electricidad, compró esa patente a Tesla y junto a otros desarrollos del serbio sirvieron de base para crear el imperio Westinghouse que hasta hoy sigue siendo uno de las mayores conglomerados de empresas del mundo.

De hecho, el sistema de corriente alterna de Tesla sirvió para que esa empresa se impusiera al sistema público de energía propuesto por Edison, basado en la energía continua.

Precisamente fue Westinghouse quién apoyó a Tesla para instalar la primera usina de corriente alterna en las cataratas del Niágara durante 1895, que sirvió para proveer de electricidad a un millón de personas en la zona de Buffalo City.

Durante esos años patentó, además, el motor de inducción, la mejora del dínamo y el método para distribuir la corriente eléctrica. Le siguieron las patentes del generador eléctrico y sistemas de transmisión de energía eléctrica a grandes distancias.

Pero a medida que crecía la fama de Tesla comenzaban a aparecer los problemas. Hacia mediados de la década de 1890 empezó a anunciar que un nuevo sistema que desarrollaba le permitiría entregar energía eléctrica a millones de hogares en forma gratuita o a un precio casi imperceptible.

Sus proyectos, decían que teóricamente era posible transmitir la energía sin necesidad de utilizar ningún tipo de cable a partir de ciertos principios que decían que era posible que la electricidad viajara por aire sin una perdida significativa de energía. Estos principios son los mismos que hoy permiten la transmisión inalámbrica que utilizamos cotidianamente en un control remoto normal o en un teléfono celular.

Pero la genialidad de Tesla, es haber descubierto que haciendo vibrar la energía a cierta frecuencia, la misma carga eléctrica de la tierra funcionaba como elevador de la tierra aumentando ilimitadamente la energía que llegaba al destino.

A partir de entonces los grandes industriales de la electricidad que lo venían apoyando comenzaron a disminuir sus partidas de dinero hacia el inventor, hasta que, a comienzos del siglo pasado, Tesla debió enfrentar un freno casi absoluto a sus experimentos por falta de dólares.

Un amigo que trabajaba en la empresa de electricidad de Colorado Springs, lo convenció en 1899 para que se trasladase a esa localidad y también persuadió a los dueños de la compañía generadora para que proveyeran a Tesla de energía sin costo.

Allí, comenzó a trabajar en una torre de transmisión de energía de 60 metros de alto denominada “la bobina de Tesla”, con la cual pretendió demostrar que podía proveer de electricidad a una gran cantidad de aparatos sin necesidad de cables transmisores.

Su primer experimento fue un éxito. 200 lámparas de luz se encendieron a cierta distancia de la torre. El método de Tesla fue transmitir una onda de frecuencia a través de la tierra para hacer llegar la energía a las lámparas situadas a 40 kilómetros de la torre.

El inventor tenía una predisposición muy grande a la teatralidad para presentar sus experimentos. Por ejemplo, mostró como un tubo al vacío relleno con ciertos gases se iluminaba cuando se lo acercaba a una campo electromagnético. Los tubos que presentó estaban doblados de manera de formar los nombres de renombrados científicos especialmente invitados para esa oportunidad. Esta forma de iluminación es lo que luego fue desarrollado como tubo fluorescente, ampliamente utilizado en la actualidad.


Durante el año 1898, Tesla demostró en pleno Madison Square Garden un prototipo de barco no tripulado guiado a control remoto. Era tal el futurismo del modelo, que el sistema de comando inalámbrico incluía un método de guía por medio de la voz, el cual fue experimentado por una cantidad importante de espectadores que acudió a la presentación. Entonces se produjo un extraño incidente que marcó su éxodo desde Colorado Springs. Un experimento de transmisión de energía hizo volar a todos los generadores de la compañía de electricidad y sus dueños, enfurecidos con el inventor, se negaron a continuar dándole electricidad.
Además, las quejas de los vecinos de la ciudad se habían multiplicado a raíz de denuncias por extraños sucesos, como la aparición de extrañas bolas luminosas sobre el laboratorio, lámparas eléctricas que explotaban espontáneamente y chispas que salían de las calles de la ciudad cada vez que sus habitantes corrían para cruzarlas.

   


Muchos creyeron que se trataba de las consecuencias de los experimentos de Tesla para transmitir electricidad a través de la tierra, lo que habría provocado que el terreno de Colorado Springs se encontrase cargado de extremos niveles de magnetismo.

Todo esto, sumado a los problemas financieros cada vez mayores, le hicieron recurrir en el año 1900 al multimillonario J. P. Morgan. Tesla le vendió un proyecto para crear un sistema de transmisión de datos a distancia y sin cables que abarcaría todo el planeta. Morgan, que vio la posibilidad de acceder a un virtual monopolio del sistema de comunicaciones, le dio 150.000 dólares para desarrollar sus inventos y un predio en Long Island donde instaló el laboratorio de Wardenclyffe. Una serie de accidentes le dio fama de mala suerte al nuevo laboratorio. Para peor, el entusiasmo de Morgan iba en disminución ante la falta de resultados concretos para exhibir.

La gota que colmó el vaso fue la conversación que tuvo una noche Tesla con el millonario; el inventor, quizás con algunas copas de más, le confesó que el plan de transmisión de comunicaciones era en realidad un proyecto para transmitir electricidad sin costo a los hogares norteamericanos. Al día siguiente Morgan cortó todo apoyo a Tesla y éste se vio obligado a buscar nuevos inversores. Ésta fue la última oportunidad que tuvo para demostrar que era capaz de hacer realidad el proyecto de electricidad gratuita y sin límites.

Los inversores se negaron a apoyar a Tesla debido a la mala prensa que venía teniendo desde hacia algunos años. Desde que comentó a un grupo de periodistas que en su laboratorio de Colorado Springs había logrado captar señales de radio provenientes de un lugar en el espacio que probablemente fuera el planeta Marte, los reporteros comenzaron a calificarlo como un científico excéntrico y loco demasiado predispuesto a la fantasía.

En otra oportunidad dijo poseer un rayo capaz de crear ondas de frecuencia capaces de “partir a la tierra en dos como si se tratase de una manzana”
Los dueños de las empresas que siempre lo habían escuchado, vieron en él un peligroso visionario capaz de entregar energía gratuita a todos los ciudadanos, poco a poco comenzaron a darle también la espalda.

Otros, que tomaron partido a favor de Edison en su lucha contra el inventor serbio, se sumaron a la larga fila de personas dispuestas a opinar que se trataba de un personaje cercano a la locura y el desvarío.

Pasó el tiempo y Tesla debió recurrir al gobierno para tratar de financiar sus ideas. Basándose en los experimentos de la “bobina de Tesla”, presentó un proyecto para construir un artefacto capaz de lanzar un rayo electromagnético a miles de millas de distancia “capaz de derribar aviones a 400 kilómetros de distancia”. Corrían entonces los primeros años de la primera guerra mundial y Tesla vio entonces la oportunidad de sumarse al esfuerzo de rearme de los Estados Unidos.

También presentó una serie de planos para construir lanchas torpederas a control remoto, asegurando que de haber contado con ellas, durante la guerra contra España, Estados Unidos hubiera ganado la guerra en solo una tarde sin perder un solo hombre en la contienda.

Las propuestas de Tesla fueron ignoradas y entonces el inventor recibió un pedido de la Armada Alemana para desarrollar un nuevo sistema de propulsión eléctrico, que se supone fue la base para el desarrollo de los motores que utilizaron luego los alemanes en sus submarinos durante la segunda guerra mundial.
Pero el ingreso de Estados Unidos en la guerra y le peligro de ser acusado de traición hizo que Tesla cortar su relación con los alemanes.

Por medio de una carta, se dirigió al entonces presidente Wilson revelando poseer un rayo capaz de destruir grandes extensiones de tierra. Denominó a su invento “el rayo de la muerte”.

De acuerdo con su carta, ya había logrado resultados concretos que demostraban el enorme poder destructivo de su arma y ponía como condición para su entrega que fuera utilizado solamente con fines defensivos. Reveló, además, que durante 1908, mientras su amigo Robert Peary intentaba llegar al Polo Norte, envió uno de sus rayos para que cayera al oeste de donde este se encontraba.

De acuerdo con los registros que obran en la Fundación Tesla, envió un críptico telegrama a Peary en el que le anunciaba que recibiría una inequívoca señal de Tesla mientras se encontraba de camino al Polo.

  Peary volvió sin haber percibido nada anormal. Pero el mismo día que Peary conquistaba el Polo, una devastadora y todavía inexplicada explosión sacudió a la zona de Tunguska, en Siberia, Rusia. Cerca de 3.000 kilómetros cuadrados de bosque fueron barridos por una explosión que se calcula tuvo el poder equivalente a una bomba atómica de 50 megatones.

Nunca se dio una explicación convincente al suceso, ya que jamás se encontraron restos de algún meteorito, cráter u otro factor capaz de explicar semejante devastación. La explosión subsiguiente fue oída a 620 millas de distancia del lugar.

En su carta al presidente, Tesla sugería que su rayo había sido el culpable de esa explosión y, debido a errores en sus cálculos, el estallido se había producido en una zona alejada de sus planes. Escribió que el enterarse del peligro que encerraba su invento, decidió desarmar la maquina hasta que estuviesen dadas las condiciones para que sea debidamente comprendida, pero que, debido al estado desbocado de la guerra, se ofrecía a rearmar para recuperar el equilibrio mundial.

La carta fue recibida por un secretario de la presidencia y nunca llegó a su destino. Más tarde Tesla hizo un nuevo intento y sobre el final de la guerra propuso un haz de ondas electromagnéticas para detectar aviones y submarinos a distancia, pero su eterno competidor, Thomas Edison, recomendó desechar la idea por inviable.

Años más tarde los británicos desarrollaron el sistema y lo denominaron radar, el que, luego, fue adaptado para operar en las profundidades y sirvió para desarrollar los sonares modernos.

Condenado a ser tratado como un marginal de las ciencias, Tesla acabó sus años amargado y tratando de subvencionar sus experimentos con lo poco que recibía de múltiples patentes desarrolladas a lo largo de su prolífica carrera. Pero la suma de la envidia y las burlas le impidieron recuperar el prestigio y el respeto de los que gozó al principio de sus días.

En un último intento por aportar con sus inventos a la humanidad, envió reproducciones de los planos de su “rayo de la muerte” a los gobiernos de Estados Unidos, Francia, Rusia y del Reino Unido, con la idea que con semejante poder destructivo en manos de todas las potencias se lograría un equilibrio capaz de traer una nueva época de prosperidad y paz a la humanidad.

Enfermo debido a su continua exposición a intensos campos electromagnéticos, Tesla murió durante 1943 tratando en vano de aportar con sus ideas al esfuerzo norteamericano para derrotar la maquinaria bélica del eje.

A modo de reconocimiento final a su carrera, ese mismo año, la Corte Suprema de los Estados Unidos falló a favor de Tesla al indicar que las patentes presentadas por el serbio eran décadas anteriores a las de Marconi y contenían todos los principios teóricos necesarios para desarrollar la radio

Al día siguiente a su muerte todas sus notas y los aparatos de sus laboratorios fueron retirados por agentes del gobierno y hasta la fecha continúan protegidos por el secreto de estado.

Noticias recientes indican que ninguna de las potencias que recibieron los planos del “rayo de la muerte” dejó de tomar en serio al invento de Tesla.

Estados Unidos fue el primer país en presentar en público un rayo acelerador de partículas (principio desarrollado por Tesla en la década de 1920) como parte de su esfuerzo por crear un sistema de defensa antimisiles basado en el espacio durante la década de 1980/90.

Además, a través del proyecto HAARP ese país estudia la posibilidad de calentar ciertas áreas de la atmósfera a fin lograr un control climático sobre algunas áreas del planeta. Este proyecto está íntegramente basado en los experimentos de Tesla para transmitir energía a distancia.

Rusia pareciera poseer un rayo electromagnético cuyos efectos son muy similares a los que Tesla describe que puede provocar su rayo. En 1987, el líder de la ultraderecha ruso, Valentín Shirinovsky, amenazó a occidente con utilizar “el rayo de la muerte” capaz de destruir todas las fuerzas de la OTAN que operaban contra serbia durante la crisis de los Balcanes.

Fuentes de la inteligencia occidental se apresuraron a desmentir que existiera un arma semejante, pero la prensa rusa dio a conocer algunos documentos que revelaban que la ex Unión Soviética poseía ese rayo desde la década del cincuenta.

La ironía del destino quiso que el ruso amenazar con usar por primera vez el arma en la tierra que vio nacer a su mentor.

China y la India también estarían recorriendo un camino similar en sus investigaciones sobre aceleración de partículas, y se dice que con el debido desarrollo, podría convertirse en un eficaz método antimisiles al alcance de cualquier potencia media del planeta.

El tiempo pasó y Tesla poco a poco comienza a ser reconocido como uno de los mayores inventores de la época moderna, un poco tarde quizás para alguien que planteó la utopía de utilizar la energía como un método para alcanzar un mayor grado de bienestar y equidad en la humanidad.

Su pelea con Edison y sus intentos por pasar por encima de las reglas del capitalismo mercantilista le valieron el oprobio de los empresarios y la ignorancia activa de los funcionarios del país que adoptó como suyo en 1891.

Su doble condición de extranjero y utópico del futuro lo relegaron a un lugar de olvido.

Hoy, un grupo cada vez mayor de gente indaga sobre la vida y obra de este genio incomprendido, cuyo mayor mérito fue conjugar el conocimiento con la sensibilidad hacia la humanidad.
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