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Feliz Siempre ?



Eres Feliz Siempre ?

Texto: Francisco de Sales

feliz1 ¿Soy feliz? 

¿Por qué no soy más feliz?...

¿Te has hecho alguna vez estas preguntas?

Con permiso, voy a intentar aclarar el concepto, porque, a lo largo de los últimos años, detecto en muchas personas un error fundamental que condiciona el sentimiento que uno tiene con respecto al asunto.

LO PRIMERO: 

No hay que confundir ser feliz –que es un estado interior, profundo, asentado, inamovible- con los estados temporales como la alegría –que es una manifestación no continua-, la risa –siempre breve y limitada-, los placeres –duran lo que duran, pero luego desaparecen y sólo dejan un recuerdo-, o los momentos de satisfacción y bienestar –que son tranquilamente radiantes, pero carecen de intensidad y totalidad-.

Ni siquiera estar en paz es ser feliz, aunque para muchas personas ya es suficiente.

LO SEGUNDO:

No hay que confundir “la felicidad” con “ser feliz”.

La felicidad es un estado pasajero. Aparenta ser que si uno tiene momentos de felicidad es feliz, pero no es lo mismo.

“Ser feliz”, implica un estado continuo aunque no se manifieste continuamente. 

Si uno es feliz, es feliz aun cuando llora, cuando está dormido, y cuando no piensa en ello.

Forma parte de la naturaleza propia.

La diferencia está en que la felicidad, y el hecho de ser y saberse feliz, es un asunto que no se produce por cosas que vienen “de fuera”, sino que ya está, y no se altera por las circunstancias exteriores y temporales, como el hecho de tener un enfado, o que no salga una cosa como se esperaba, o tener lo que se dice “un mal día”, o atravesar un momento de mal humor… nada de ello modifica el hecho de ser feliz, si uno realmente lo es.

Cada persona es feliz de un modo distinto.


Algunos son verdaderamente felices estando tumbados y ociosos, y otros son verdaderamente felices en una actividad frenética.

Lo que es imprescindible es darse cuenta y averiguar CUÁNDO y POR QUÉ uno es REALMENTE FELIZ.

Lo que es bueno es darse cuenta de ello, observarse, evaluarse, y llegar a esa conclusión: SOY FELIZ. Aunque sea MODERADAMENTE FELIZ. Suficiente.

Feliz a pesar de no estar riéndome siempre, a pesar de mi situación precaria, de que no me salen todas las cosas bien, de que no se han cumplido casi ninguno de mis sueños, de que no soy un triunfador a los ojos de la sociedad…

Feliz porque tengo la oportunidad de estar vivo y sé apreciar la vida, porque disfruto de una familia o unos amigos, porque dispongo de cinco sentidos para sacarle jugo a las cosas que me rodean, y veo cosas maravillosas, escucho músicas bellas y palabras agradables, degusto lo que como, toco la mesa, un árbol y otras pieles… 

Feliz porque tengo un corazón que bombea amor y late con una urgencia muy agradable cuando una emoción placentera me altera; feliz porque me considero un hijo de Dios o porque he tenido la dicha de conocer y vivenciar cosas muy hermosas a lo largo de mi vida…


Es muy interesante conocer cuáles son las cosas que nos ayudan a descubrir que somos felices, para reforzar el sentimiento o la seguridad de que lo somos.

Observar: ¿Qué me hace darme cuenta de que soy feliz?

Y promoverlo más a menudo.

La acumulación de momentos de felicidad puede hacernos creer que somos felices. No está mal. De tanto repetirnos, o hacernos ver o creer que somos felices, eso va a conseguir asentar la convicción de que lo somos.

Es buena la confirmación positiva cuando uno se da cuenta de que YA es feliz. Repetirse “soy feliz” es una buena práctica.

Pero, cuidado: no poner trabas a la felicidad. 

Que ser feliz no nos cree remordimientos, o nos haga pensar que estamos retando a la maldición inexistente de que tenemos que sufrir; que nadie caiga en la trampa que alguna vez pusieron algunos curas de que si Cristo sufrió nosotros también tenemos que sufrir; que nadie piense que una infancia triste o dolorosa le condena a una infelicidad de por vida; que nadie especule con que ser feliz está reservado para los que tienen dinero o los que nacieron en otros sitio y con otras circunstancias.


feliz2 

¿Son felices, realmente felices, los niños cuando aún no tienen las trabas y las mentiras que hacen creer que no se puede ser feliz para siempre: sí se puede ser feliz para siempre, lo que no se puede es estar manifestándolo continuamente con un signo externo como, por ejemplo, una sonrisa.

Si cierras los ojos y te preguntas “¿Soy feliz?” y notas que una muy leve sonrisa se insinúa en tus labios, o que un suspiro liviano, casi imperceptible, responde a la pregunta antes que tu mente (que va a hacer un inventario y una rigurosa evaluación antes de contestar), o que no tienes necesidad de responder a la pregunta porque ya disfrutas en tu interior de la respuesta afirmativa, quédate tranquilo porque sí eres feliz. 

Porque puedes ser feliz aunque no lo sepas y aunque no lo hayas dicho nunca en voz alta.

Recuerda: la felicidad es el resultado de lo que uno se permita ser, y no depende de los otros.

(Al margen de todo lo anteriormente escrito, y de insistir en la diferencia entre ser feliz o la felicidad, sugiero que, sea lo que sea, se promocione todo lo que se pueda, aquello que nos hace sentirnos o estar felices, y no sólo no nos privemos sino que provoquemos todo lo que podamos, las conversaciones que nos emocionan, los encuentros que nos llenan el corazón, las películas que nos emocionan o hacen reír o llorar, las músicas que nos arrancan de la apatía y nos ponen a bailar o las músicas que nos transportan a un estado emocionante, las puestas de sol, los niños jugando, la inocencia de algunas miradas, las sonrisas que atraviesan los sentidos, la belleza donde quiera que esté y se manifieste,


los recuerdos que nos alimenten de cosas agradables, el amor hacia el niño que fuimos y la comprensión hacia el que somos ahora, los chistes, las buenas comidas –mejor aun cuando se está bien acompañado-, el amor de los seres queridos, el amor hacia los seres desconocidos, los escalofríos emocionales, vivir, saber que uno está vivo, las maravillas y las delicias de la vida, y todo lo que a ti te haga sentirte feliz.)

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