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Las criaturas de los cuatro elementos



Las Criaturas de los Cuatro Elementos

criatura La Naturaleza está compuesta por cuatro elementos y habitada por criaturas que la protegen y procuran su bienestar. A cada elemento dan servicio distintas familias de seres maravillosos.

El elemento AGUA, regido por las ondinas, las sirenas, las ninfas y las nereidas, simboliza los sueños y las fantasías. El elemento FUEGO, regido por las salamandras, simboliza coraje y vitalidad. El elemento AIRE, regido por las hadas, los silfos y las sílfides, simboliza el movimiento y los cambios. El elemento TIERRA, gobernado por los duendes y los gnomos, simboliza salud y sabiduría. Hay un quinto elemento muy sutil (ÉTER) regido por los ángeles, que simboliza el espíritu.

Todos estos seres mágicos, resultan invisibles para nuestros ojos, tienen apariencia humana y son la esencia de los vegetales, minerales y los animales. Mimetizados en la naturaleza, la protegen de cualquier acto de violencia, y si alguien les invade y maltrata su hábitat, pueden tomar represalias para defenderse.



critura2 Las conductas de estos seres son similares a la de los humanos. Del mismo modo que los actos de las personas se definen por su bondad o su maldad, existen duendes buenos, traviesos y malos, así como hadas bienintencionadas, amigables o pérfidas.

Todos los seres pertenecientes a los cuatro elementos viven por lo general en comunidades, tienen jerarquías y son gobernados por un rey, una reina o un jefe. Al igual que las humanos, suelen contraer matrimonio y engendran hijos. Todo son especulaciones en torno a temas como su esperanza de vida. Las hadas, por ejemplo, se estima que pueden vivir entre 500 y 600 años. Los gnomos, incluso dos siglos más.

La mayoría de estos magníficos seres (exceptuando quizá a los gnomos), cuando se sienten ofendidos pueden ser muy vengativos. Pero si se sienten atraídos por un ser humano que les despierte admiración, disfrutan haciéndole regalos materiales u otorgándole poderes psíquicos, o dándole otros dones. Hay teorías que afirman que es posible la comunicación con estos seres para pedir ayuda y protección de la misma forma que lo hacemos con los ángeles. Una de sus características es poseer un cuerpo sutil y cambiante, pueden aparecer de distintas formas. Muchos de ellos tienen poderes importantes y una inteligencia muy desarrollada. Las actividades que más les gustan son: las danzas, la música, los juegos.

Para las hadas en concreto, la música es una verdadera pasión, siendo todas ellas muy diestras en el manejo de los instrumentos. Suelen formar siempre coros en los que cantan y bailan sin parar incluso hasta seis o siete años seguidos. (En el transcurso de estas danzas no se las debe molestar, pues se enfadan muchísimo y pueden llegar a cometer caprichosas calamidades e increíbles catástrofes debidas al malhumor.) 



Las hadas, además de divertirse, bailar y cantar, también tienen sus quehaceres, como tejer, hacer pan y cocinar. Otro dato es que tienen un tabú muy arraigado: No soportan la sal.

La mayor obsesión de las hadas son las flores, a las que miman y cuidan con rigurosa estima. Siempre se las ve en lugares donde abunda la vegetación, pero suelen ser más felices en valles en los que existan flores exóticas que despidan un aroma intenso.

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EL LLANTO DE LAS HADAS
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Dicen los que saben, que las Hadas también lloran, aunque no lo hacen como los humanos. El llanto de las Hadas no se pierde en los pañuelos, ni se evapora en el aire. Cuando lloran de alegría, sus lágrimas se convierten en diminutas cuentas de colores brillantes y que las hadas hacen con ellas pequeñas joyas: Collares, pendientes y colgantes con los que adornarse y que siempre llevan puestos para recordar el motivo feliz que las provocó.



Pero si su llanto es de dolor, es distinto su destino. Cuando los antiguos espíritus del bosque oyen a las Hadas llorar de pena, desde el mismo corazón de la tierra hacen brotar un árbol frondoso, azul y luminoso como el cristal y cada lágrima de hada se transforma en una hoja nueva prendida a sus ramas que crecen y crecen.

Todas las hadas han vertido muchas lágrimas por los niños que nunca las conocerán porque cortaron el camino de su vida el hambre, el frío o el terror. Y saben que el Árbol nunca dejará de crecer, que nunca cesará la violencia ni la injusticia. Pero se consuelan teniendo un lugar tan especial donde guardar su pena, porque un árbol crece hacia las alturas y la luz: Hacia donde la paz siempre es posible.

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