Reflexiones
Siguenos  
 
   
La falsa humildad y la equivocada modestia



LA FALSA HUMILDAD Y LA EQUIVOCADA MODESTIA


falsa modestia

de Francisco de Sales

“No supone presunción reconocer al Maestro Interior en uno mismo. Hacerlo así eleva, colma y compromete a la vez: se precisa humildad para aceptar el peso de este compromiso y del camino a recorrer por esta vía. La verdadera humildad no consiste sólo en no querer parecer más de lo que uno es. Es también aceptar ser más de lo que uno parece ser. Hay una falsa modestia que es, sencillamente, miedo a las responsabilidades. Y es un obstáculo para dejar emerger el Maestro Interior.”
(Dürckheim)

Puedo afirmar que la lectura, comprensión y asunción de esta frase produjo un cambio notable en mi vida. Así que te recomiendo que, si no has sentido un estremecimiento al leerla, si no se ha alterado algo dentro de ti para bien, la leas una y otra  vez.
Hasta que una voz sosegada dentro de ti diga: “Ya está. Era esto.”
Hasta que sientas dentro de ti un “click”, como cuando una pieza encaja con otra perfectamente y respiras tranquilo.
Hasta que te quedes en silencio, en un silencio lleno de millones de palabras que no encuentran un orden para decir lo que mejor puede decir el silencio.

La mayoría de la gente andamos a vueltas con el asunto de la humildad, y de la modestia, manejándonos mal con ambas.
Nos embuten la idea de que hay que mostrarse humildes y modestos, y es una imagen errónea, porque nos habla de “aparentarlo”, no de serlo.

Sí es conveniente ser humildes y modestos, pero de forma natural, no fingiendo, y aún menos creando una confusión en nuestro interior haciéndonos creer que por el hecho de simularlo, y engañar a los otros, ya lo somos.



Ambas se manifiestan, bien y naturalmente, a partir de una Autoestima equilibrada, y de un conocimiento bastante amplio de qué y quién es uno; de la comprensión de la importancia o no de las cosas; de saber la inutilidad de aparentar sin ser; del conocimiento de la relatividad de las cosas y del convencimiento de que es una tontería  hacer el esfuerzo de falsear la verdadera naturaleza. 

No se trata de parecerlo: hay que serlo.

Uno es mucho y muy grande, a veces, y hay que asumirlo como algo natural; no es necesario exhibirlo profusamente, que eso sería un asunto de ego, pero tampoco hay necesidad de esconderlo y negarlo.

Fingir ser muy humilde o muy modesto (sin serlo) también sería un asunto de ego, pero del ego malo. Cuando aparece “muy” o “más”, aunque sea para mal (soy el más malo…), atención: suele ser un asunto de ego.

Conviene tener en cuenta que lo que entendemos por humildad y modestia, en algunos casos son una manifestación de una Autoestima baja, y que acaban disfrazándola para que se muestre como alguna de ambas actitudes que son calificadas habitualmente como cualidades. 

La humildad no es otra cosa que la integridad y dignidad de asumir el conocimiento y reconocimiento de las propias limitaciones y debilidades, y obrar de acuerdo con ese conocimiento sin pretender ser ni aparentar lo que no se es. Pero no es el menosprecio, el deprecio, la sumisión, la subordinación, la mansedumbre…

La modestia es la falta de engreimiento, o de vanidad, pero no implica ninguna renunciación, ni la necesidad de esconder las cualidades propias, ni disimular lo que uno es.

Hay que observarse, porque a veces, donde se dice o muestra “soy humilde” o “soy modesto”, lo que realmente se dice o se muestra es “no valgo”, “no soy importante”, “no soy capaz de reconocer mis méritos”.

Representar ser una o ambas cosas (sin serlo) puede esconder también el miedo a Ser Uno Mismo, porque serlo implica asumir la grandiosidad de reunir en Sí Mismo la naturaleza humana conviviendo con la naturaleza divina.

Y, además, se corre el riesgo de confundirse con el personaje que se está representando al renunciar a Ser Uno Mismo.

La humildad consiste en saberse grandioso y no darle excesiva importancia, ya que el que es grande es el auténtico humilde y modesto. Recuerda: Jesucristo, Gandhi, Teresa de Calcuta…

El que sabe quién es, comprende que no tiene necesidad de aparentar ningún personaje ni ninguna cualidad: ya es.




Uno es lo humano y lo divino, lo más y lo menos, lo extraordinario y lo insignificante, y otra serie de opuestos que conviven en el interior y conforman la personalidad. La suma de todo ello es Uno Mismo.

Y esconder ese Uno Mismo que se es, es una traición innecesaria e imperdonable.

Aunque sea en nombre de la humildad y la modestia.


Facebook
Compartir en Facebook
twitter
Compartir en Twitter
google+
Compartir
en Google+

 

VOLVER A REFLEXIONES