Reflexiones
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Quien tiene la voluntad tiene la fuerza



QUIEN TIENE LA VOLUNTAD, TIENE LA FUERZA

Francisco de Sales

 Voluntad-Aliento-Apadrinar

En mi opinión, este es uno de esos títulos que no necesitaría de un texto posterior que añada algo o trate de aclararlo. 

Es tan rotundo, tan directo, y lleva tal verdad concentrada, que debiera ser una sentencia de esas que llegan al corazón directamente sin necesidad de la interpretación intelectual o intelectualoide de la mente.

La voluntad, esa maravillosa capacidad de persistir, de no admitir la rendición ni la derrota ante el primer inconveniente, es el motor imparable que nos puede llevar a cualquiera de las metas razonables que nos propongamos.

La voluntad, además, aporta energía a la Autoestima, porque provoca la satisfacción personal de comprobar que si uno quiere puede; que uno tiene un poderío interior a su servicio y un potencial y una reciedumbre que aportan una muy agradable sensación en la relación consigo mismo.



¿Y cómo se consigue la voluntad?

Buena pregunta a la que creo no tener respuesta.

Supongo que a partir de una buena relación consigo mismo en la que todas las partes que le integran a uno –o, por lo menos, la mayoría de ellas- se ponen de acuerdo en colaborar por el bien del conjunto que es uno mismo. 

Quiero imaginar que de la conciliación de ideas desiguales que conviven en el interior de cada cual, surge el acuerdo de aunarse y aliarse con el fin de alcanzar un objetivo favorable. 

Quiero suponer que esa energía que compone la voluntad es la aportación amorosa de cada una de las partes que nos integran, y que, unidas y con un objetivo uniforme, nos aportan el arranque necesario para poner en marcha cualquier cosa; el atrevimiento para acometer lo que sea necesario; persistencia para no rendirse ante cualquiera de los impedimentos que pueden aparecer y van a aparecer; bravura para seguir adelante contra las dificultades; la firmeza y el tesón irreductibles, y la constancia necesaria para no desfallecer.

La voluntad sin el convencimiento o la fe necesarios carece de uno de sus elementos principales, por lo que está prácticamente condenada a su desaparición.

La voluntad no surge espontáneamente a partir de un pensamiento o una idea, sino que requiere, sobre todo, de un convencimiento firme -en uno mismo y en lo que se pretende-, y de una certidumbre en sentirse arropado por una capacidad casi sobrenatural de la que todos disponemos: la de aspirar a lo mejor o lo más conveniente, por dignidad, por amor propio, y por respeto a quien uno es y lo que uno se merece.
Así que parece ser que con una voluntad firme –y mejor mientras más firme-, que a fin de cuentas es la manifestación notoria del libreo albedrío o la libre determinación, con unas ideas claras en un proyecto o propósito, más el amor propio –amor a sí mismo- necesario que sea capaz de enfrentarse y vencer a todos los inconvenientes –que van a aparecer, sin duda-, uno puede acceder a la realización de sus intenciones.

La tarea que uno tiene que realizar es la de mantener la voluntad y la constancia necesaria, y lograr que no desfallezcan, y si es posible que se acrecienten cada día.


 Todo ello como demostración de un respeto a la propia dignidad, de una devoción a la esencia de cada uno que se merece esa insistencia/persistencia que aporta la voluntad cuando se trata de alcanzar un objetivo o conseguir un logro, y como demostración de respeto a las decisiones propias.

 Voluntad-Apadrinar Así que es necesario tener un proyecto o propósito –que sea viable o tenga casi todas las posibilidades de llegar a serlo-, poner todo por parte de uno –no conformarse sólo con pensarlo-, fijarse en esa aspiración, y no abandonarla, insistir, persistir, no flaquear, no rendirse, luchar, no desfallecer, volver a ello con empeño y energía, y todo ello se convertirá en fuerza, pero no en una fuerza bruta sino en una fuerza constante, mantenida, que llevará –aunque sea a un paso lento- inexorablemente hasta la realización del propósito.



Tal vez la demostración más visual sea la de esa agua de río que con su voluntad, y no con su fuerza, ha sido capaz de erosionar la piedra.

Te deseo toda la voluntad.

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