Nuestra atención siempre se verá atraída por
los colores vivos, y si disponemos de película de color es difícil resistir
la tentación de fotografiar los brillantes rojos, amarillos o azules.
Pero el color requiere una técnica cuidadosa, y con un poco de ingenio
se pueden conseguir resultados espectaculares.
Una sola mancha de color en una toma uniformemente monótona resultará
bastante mas espectacular que el exceso de tonalidades opuestas.
Con las películas modernas, capaces de registrar las más pequeñas variaciones
de tonalidad y de retener la saturación del color completa, son eficaces
bajo prácticamente cualquier condición.
Tal vez la clave para manejar bien el color es aprender a percibirlo
igual que la cámara seleccionando los colores que contribuyan a crear
el efecto deseado y excluyendo los demás.
Los seres humanos compartimos con muchos otros animales la conciencia
instintiva del significado de los colores brillantes, y nuestra atención
se ve casi inevitablemente atraída por ellos. Hay que tener presente
esto en la composición de las fotografías.
Por ejemplo en un paisaje montañoso con enormes y espectaculares (aunque
grises) formaciones rocosas, nuestra atención se centrará inmediatamente
en una diminuta figura de un buzón de color rojo.
Paradójicamente, la importancia de una mancha de color, como el buzón
rojo puede verse realzada simplemente a causa de la pequeñez dentro
del fotograma.
En este punto debe manejarse con cuidado la pequeña mancha de color.
Si la intención del fotógrafo es mostrar la grandiosidad de la naturaleza,
se corre el riezgo que enseguida la atención del observador se centre
en la pequeña mancha de color.
De la misma manera por más interesante y expresivo que sea el rostro
de un vendedor de flores, se corre el riesgo de que este se pierda interés
frente a los colores del entorno.
Por eso al componer la fotografía se debe cuidar que los colores que
distraigan la atención complementen el objeto de interés principal.
En el caso del escalador quizás sea conveniente que se vea lo más pequeño
posible y ubicarlo en la parte baja y hacia un lado.
En el caso del vendedor de flores, conviene acercar lo más posible
la cámara, de modo que las flores aunque aún visibles, ocupen sólo una
fracción del encuadre.
Otro factor a tener en cuenta es que los distintos colores producen
distintos efectos psicológicos. Por ejemplo el azul transmite melancolía,
el rosa romanticismo, los rojos y amarillos excitación e incluso violencia.
Además es importante saber que los colores se relacionan unos con otros.
La forma esquemática usual de presentar este efecto es la rueda de colores,
en ella los colores del espectro forman un círculo en el que los colores
consecutivos (por ejemplo el azul y el verde) se combinan armoniosamente
y los opuestos (como el rojo y el azul) contrastan.
Cuando dos colores opuestos se encuentran la vista tiende a separarlos
con fuerza.
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