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Milagros, la huella de lo sobrenatural



La naturaleza del milagro

La palabra milagro, del latín mirari – maravillarse, sorprenderse, «mirar» con admiración – , es sinónimo de prodigio. Sólo con el advenimiento del Cristianismo se convierte en «signo». El padre Pilón nos ofrece la que a su juicio es la definición más precisa: «Un acontecimiento que pueda ser percibido por los sentidos, entendible para todo el mundo, fuera de lo normal, de lo ordinario, y con carácter de signo, de diálogo entre Dios y el hombre».

En el milagro de las bodas de Canaán una substancia (el agua) se transformó en otra (el vino).Para el cristiano, los primeros milagros se remontan al Antiguo Testamento, como los protagonizados por Moisés haciendo manar agua de una roca o separando las aguas del mar. La época de los milagros llega a su punto culminante, sin embargo, con el Nuevo Testamento y Jesús, como signo de su naturaleza divina. Entre ellos se encuentran muchas curaciones de ciegos, mudos, leprosos, paralíticos, mujeres con hemorragias, resurrecciones como las del hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo, la de Lázaro o la suya propia, e incluso portentos que afectan a la propia naturaleza, como el dominio de las aguas y los vientos, la maldición de la higuera, la multiplicación de los panes y los peces o el hecho de caminar sobre un lago.


Cuerpos incorruptos

Sea como fuere, tras este período de señales en torno a Cristo se han sucedido una gran cantidad de milagros que tienen a los santos como protagonistas. Ahora bien, muchos de ellos nos recuerdan a distintos fenómenos paranormales. ¿Dónde está entonces la frontera entre el milagro, es decir, lo sobrenatural, y la parapsicología, cuya premisa básica se apoya en la existencia de fuerzas poco conocidas pero perfectamente naturales? «El éxtasis místico – nos dice Ramos Perera – produce gran cantidad de endorfinas, substancias de carácter psicoactivo que pueden propiciar, a mi juicio, la aparición de determinados fenómenos de conocimiento como la telepatía o la clarividencia».

  El padre Pilón nos aclara la diferencia entre milagro y fenómeno parapsicológico: «El primero se desarrolla en un contexto sobrenatural; en cambio, lo paranormal lo hace en el ámbito de lo natural». Para este conocido investigador, uno de los pocos milagros que no dejan sombra de duda sobre su naturaleza, por lo bien documentado, es el que tuvo lugar en la persona del cojo de Calanda, un muchacho del siglo XVII al que se le amputó una pierna tras un accidente. É1, sin embargo, estaba convencido de que la Virgen del Pilar se la restituiría y «un buen día, su madre se dio cuenta de que por debajo de la manta asomaban dos pies en vez de uno; fue el primer caso de transplante de un miembro a una persona», añade el padre Pilón.

Ya en 1730, Lambertini, el futuro papa Benedicto XIV, en su obra De Canonizatione, advierte que muchos hechos considerados milagrosos, como la telepatía, la clarividencia o ciertas curaciones, parecen tener su causa más en la mente del hombre que en Dios. Según Lambertini, son candidatos auténticos al milagro algunos sucesos de bilocación, los estigmas, el olor a santidad y otros extraños fenómenos.

Retrato del monje Charbel Makhlouf, cuyo cuerpo se conservó incorrupto.La parapsicología parece explicar, en mayor o menor medida, la mayoría de los milagros acaecidos en vida de los santos; pero ¿qué se puede decir cuando los milagros se producen en torno al cuerpo de los mismos después de que la vida, y por tanto, la actividad cerebral, les ha abandonado? Si bien la incorruptibilidad de los cuerpos resulta un fenómeno extraño e inquietante debe tenerse en cuenta que se ha dado igualmente en personajes cuya vida no era precisamente edificante, como en el caso del mujeriego Enrique IV de Francia. Son los extraños fenómenos que se producen alrededor de dichos cadáveres los que realmente hacen estremecer nuestras concepciones acerca de la isla de espacio-tiempo en que vivimos. Tal es el caso del cuerpo del monje libanés Charbel Makhlouf, al que en vida se atribuía el poder de detener plagas y epidemias. Tras su muerte, el cuerpo se encontró intacto y hasta flexible. Después se le enterró en un nicho y, 23 años después, un religioso descubrió que el muro rezumaba una serosidad sanguinolenta. Desenterrado de nuevo, se comprobó que el cadáver continuaba intacto. El informe médico de 1952 dice: «La delegación médica y científica no puede dejar de constatar la evidencia de los hechos, su carácter excepcional y la ausencia de toda intervención humana». Se le volvió a dar sepultura y cuando fue inhumado de nuevo se vio que el cadáver conservaba su flexibilidad, flotaba en la extraña serosidad y hasta conservaba su cerebro. La esposa de uno de los médicos resultó curada de un cáncer y otra persona de una epilepsia.

¿Qué extraña vida anima a esos cuerpos orgánicamente muertos? ¿Qué fuerza provoca la instantánea licuefacción, dieciocho veces al año, de la sangre de san Genaro, en Nápoles? Ramos Perera nos da su propia explicación del fenómeno: «La sangre de san Genaro, como la de san Pantaleón, no es sino una substancia química que contiene esperma de ballena». Se arguye de todas formas que los experimentos con este tipo de soluciones imitan el fenómeno, aunque muy pobremente.

Imágenes vivas

La Verónica sostiene el paño donde quedó impresa la faz de Cristo. Pero el misterio no acaba aquí. El bloque de mármol blanco donde fue decapitado san Genaro, a unos 13 kilómetros de Nápoles, toma un extraño matiz rojo cuando se celebran los oficios en honor del santo y en algunas ocasiones ha llegado a rezumar gotas de sangre.

Como vemos, hasta la materia inorgánica es susceptible de protagonizar un milagro. Muchos son los casos de estatuillas de la Virgen que sangran o lloran. Varios testigos pudieron contemplar en 1953, en Siracusa, cómo lloraba una imagen de yeso de unos 45 centímetros en el hogar de los Janusso. Fue lo primero que vio Antonietta Janusso cuando quedó curada repentinamente de una ceguera temporal de posible origen histérico. Análisis, informes médicos y policiales...; para las autoridades religiosas las evidencias eran tales que el suceso fue reconocido como milagro el 18 de septiembre de 1953.

Hay toda una casuística, desde al menos el siglo III, de apariciones de imágenes de Cristo, de la Virgen o de símbolos religiosos en ventanas, muros, manteles de altar y otros lugares insospechados. «Mezcla de azar y de fenómenos ópticos, muchos de estos casos responden a la necesidad de ver que tienen los testigos, cuando no son producto de la mano humana», nos asegura Ramos Perera. Un ejemplo reciente es el de la faz de Holman (Nuevo México), que fue vista por primera vez el 18 de mayo de 1975 en un muro de la iglesia del Inmaculado Corazón de María.

Geografía de lo sobrenatural

Existen milagros que parecen aferrarse a ciertos lugares, como si de ellos emanara una fuerza colosal o fueran una brecha desde donde se vislumbra directamente lo sobrenatural. ¿Qué ocurre en Fátima, en Lourdes o en los múltiples santuarios marianos que impregnan nuestra geografía?

Bernadette Soubirous vio una figura resplandeciente.Lourdes es un reguero de peregrinos desde que una «Dama Blanca» se aparece en una gruta, el 11 de febrero de 1858, a la pequeña Bernadette Soubirous. El 20 de febrero, ante la multitud y en estado de éxtasis, la niña cava con sus manos y surge un pequeño reguero de agua que poco a poco se convierte en un auténtico manantial, del que hoy fluyen 122.000 litros por hora. Los enfermos llegan por centenares, y también las curaciones: tuberculosis, parálisis, cegueras..., más de 3.000 sanaciones hasta la fecha que siguen siendo, para muchos, un enigma médico, pero menos de 70 de las cuales han sido reconocidas como milagrosas. Pese a todo, Ramos Perera nos insiste en que «el efecto placebo demuestra que el cuerpo tiene sus propios métodos de sanación que pueden incrementarse con la fe». Llaman la atención los elementos comunes en este tipo de apariciones. La Virgen suele manifestarse en momentos de profunda crisis, ante niños y en parajes naturales en cuyas cercanías hay una gruta, una corriente de agua, un árbol o varios de estos elementos a la vez. El conjunto parece responder a uno de los arquetipos más poderosos de nuestro inconsciente: la Madre, Señora del Cielo y de la Tierra, que ha tomado forma en centenares de cultos. Así, aparecen el agua, símbolo del líquido amniótico, de las emociones y de la vida primigenia; la cueva, representación del útero de la madre Tierra; el árbol, eje del mundo que conecta tierra y cielo..., todos ellos son símbolos vivos, manantiales de energía psíquica que viven en la mente colectiva de la humanidad al lado del poderoso arquetipo de la Señora. Para muchos, toda esa potencia psíquica común explota en tiempos críticos en forma de «sugestión colectiva», como la define Ramos Perera.

¿lntervención divina?

  Según algunos científicos, el milagro simplemente no existe; se trata de fraudes o alucinaciones. Otros constatan el hecho y declaran que no pueden explicarlo. Entre los creyentes también hay controversia; para algunos, el milagro existe y es una intervención de la divinidad, que rompe las leyes que ha creado para dejar constancia de su existencia. Otros, sin embargo, niegan que Dios viole las leyes que él mismo ha decretado para su creación. El padre Pilón nos afirmaba al respecto que «el milagro actúa por encima de las leyes naturales, no rompiéndolas, sino superándolas... Sería una contradicción que Dios fuera en contra de su propia creación». Para este parapsicólogo se trata de una fuerza perfectamente natural que aún no hemos sido capaces de comprender. Ramos Perera nos advierte incluso que «en las últimas beatificaciones se están considerando como milagros acontecimientos perfectamente naturales. Así, en el proceso de beatificación de Escribá de Balaguer se presentó como milagro la curación de una úlcera y de un tumor benigno bajo la axila de una monja después de que un familiar rezara al beato: una sanación perfectamente natural». El propio padre Pilón nos recalca: «Hay muy pocos milagros; tenemos que considerar que existen energías que la ciencia, hoy por hoy, desconoce. Lo que ayer se consideraba como tal hoy puede ser interpretado de forma natural».

Naturales o sobrenaturales, algunos milagros son de una magnitud impresionante. No creemos que constituyan una violación de las fuerzas físicas; es más plausible pensar que la realidad, sencillamente, es mucho más amplia de lo que captan nuestros sentidos. Nuestro universo parece una pequeña isla en un enorme mar de mundos posibles y formas de existencia. Y, a veces, a las playas de nuestra isla llega una visita inesperada.

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