Religiones
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El Sufismo.



Por Lilia C. Gimenez
El Islam se muestra en cada nueva etapa con más fuerza y poderío, ya material, ya espiritual. Solo un dato por encima de las diferencias sociales, económicas, políticas, etc. Ese parámetro, que sin lograr unificaciones, esta constantemente sirviendo de basamento espiritual al musulmán, es el CORÁN.

De cada seis hombres, uno de ellos, según las estadísticas, es musulmán. El Corán, su Libro Sagrado, se nos aparece mostrando y otorgando una unidad espiritual y religiosa para el pueblo.

Es el final místico, sustentador de la vida musulmana; además, el más apto para ayudar a preservar el alma, mientras se suceden los desordenes y divisiones en el mundo, tanto en el pasado como en la época presente. También este Corán extiende sus brazos hacia otros círculos religiosos y místicos.

El sufismo esta dispuesto hacia la Unión del Puro Amor”, pero también se adorna con refinado arte.

El místico sufí, el hombre piadoso, esta decidido a abandonarlo todo, se siente cada vez más libre e independiente del mundo material; de este modo su último propósito es transformar la realidad mundana en la que vive.

Si bien sus métodos de purificación son rigurosos, también están al margen de cuestiones legislativas a las que consideran carentes de alma.

 

Así vistos, se toman por artistas y hacia el final dejan la puerta para que comiencen su labor los Grandes Maestros. Estos, mantienen ciertas diferencias entre sí, aunque están unidos por una única inspiración. Aclaramos que existen un sufismo árabe, hindú, iranio, etc., pero en este punto conviene tener presente que a pesar de sus matices el espíritu es el mismo.

Su parte más apreciada y aguda del conocimiento sufí, escapará lamentablemente de los que no han sido guiados hasta conocer la luz, por un Maestro.

Según Mohamed Iqbal (jefe espiritual del Pakistán moderno), los occidentales afirman que la inteligencia organiza la vida, mientras que los orientales contestan que el Amor es el secreto del Universo.

Para el musulmán, el Creador no admite imitaciones, copias o servicios; en la práctica es pensar que, si se tiene un corazón musulmán, debe observarse primero la propia conciencia y luego, estudiar el Texto Sagrado. Hay una prueba de la existencia de Dios: ese testimonio es el creyente mismo. Para este hombre, cuando encuentra corroída o desgastada  la vida que le ofrece el mundo material, deberá recurrir a su Libro, ya que él le brindara un mundo nuevo y renovara sus fuerzas.

TERMINOLOGÍA

MEDITACIONES.

El nombre del sufismo deriva etimológicamente del árabe “cuf” que significa lana. Es así, pues los adeptos al sufismo solían ir cubiertos de un habito de lana. Luego, en el siglo VIII, ya en la Era Cristiana, el sobrenombre al sufí sirvió para distinguir al grupo de musulmanes que realizaban practicas ascéticas.

Dice un antiguo tratado sufí: “el sufí lleva lana sobre su pureza, tiraniza sus deseos y luego de rechazar al mundo, avanza por la vida del Profeta” si bien su origen no parece absolutamente claro, es evidente que existen afinidades con otras religiones, por ejemplo entre el sufismo y la mística cristiana. De lo que no se debe dudar es del origen islámico del sufismo, ya que este es un dato de la realidad.

El Corán, su lectura y meditación, procuran entregar al hombre musulmán religioso, una profunda y constante fuente de vida, plena de renovada espiritualidad.

Como texto, de inigualable belleza, habla con el lenguaje de la poesía, dispone armónicamente las palabras y logra el efecto mágico. Así las cosas, lo dicho o leído, repercute en el tema abriendo horizontes interiores no pensados, llevando al espíritu a su exaltación y al triunfo sobre el mundo material.

Esta suerte de cualidad poética, esa fortaleza necesaria que sostiene la visión intuitiva, ese movimiento del alma y espíritu, se adueña de una sola razón: la experiencia concreta de la realidad.

Del Texto Mágico, hablamos del Corán, que es un mensaje de Dios, se derivan varios caminos que permite la introducción del idioma árabe; esta lengua como litúrgica que es, se presenta en un estudio hermenéutico planificado, pero siempre teniendo en cuenta la capacidad espiritual de quien recite el Texto.

SEÑAL DE DIOS

Para el que sabe ver, todo es signo o señal de algo. “Nosotros sabemos que Dios se ha descrito a sí mismo como el Exterior y como el Interior y que ha manifestado al mundo a la vez como Interior y como Exterior, con el fin de que conozcamos el aspecto interior de Dios, por nuestra propia interioridad y el Exterior, por su exterioridad”; dice, en el siglo XIII el maestro sufí Ibn`Arabi.

Dios hace descender la lluvia del cielo, reanima la tierra, cambia los vientos y todos estos son signos de Él. Aquí surge la idea de la inminencia de Dios en el mundo que se hace visible ante los ojos purificados. El sufismo ha dado siempre gran importancia al tema de la purificación, inclusive se han advertido prácticas mortificatorias, como un intento de catarsis ante la decadencia religiosa y moral del primer siglo del Islam. Hablamos entonces de la unión mística y del amor y surge, como consecuencia de que Dios es la única Realidad, la meta que el alma intenta encontrar, cualquiera sea la vía para llegar a su conocimiento.

En el sufismo, el Amor, es en verdad, el Alma del Universo. Gracias al Amor el musulmán puede regresar a la fuente de su ser. El giro de las estrellas, la música, los átomos, los ángeles, y hasta el más allá, todo es debido al Amor. Ese amor, es a la vez, revelador de misterios y secretos. Así el alma, distanciada de su realidad conocida y final, busca encontrar una definición: QUE EL AMADO Y EL AMANTE SON LO MISMO.

El plan último de todo místico sufí, será morir a sí mismo para vivir en Dios, como único modo de recobrar la fuente de su ser.

LOS MAESTROS

En varios tratado del Sufismo aparece una extensa y cuidadosa reglamentación que en cada comunidad o convento han de observarse.

El rol de maestro, el que dirige y al que se le debe absoluta obediencia, consiste en amoldar y acomodar los ejercicios a las necesidades espirituales de los alumnos.

 

No solo dirige la consciencia de sus discípulos, sino que su actividad mayor se refleja en su iniciación, para llegar a la comunicación espiritual, mediante el influjo de Dios a la “cadena” que lo liga al mismo Profeta. Prácticamente dicha iniciación esta simbolizada por el uso del “habito” de lana o KHIRGA.

Con este fin, el maestro debe estar convenientemente preparado, teórica y prácticamente, debe hacerse digno de imitación y conocer las tres fases de la mística: LA LEY, EL CAMINO, Y LA VERDAD.

A su vez, el convento sufí es una fraternidad que no se divide, se consideran entre sí elegidos de Dios, se sienten amados por ÉL y a ÉL aman. Toda enseñanza debe alcanzar un conocimiento místico (MARIFAT), que simboliza el segundo nacimiento, el nacimiento espiritual. Es de notar en este punto, la similitud con el método mayeútico de Sócrates (Mayeútico o arte de ayudar a dar a luz) y con el neoplatonismo como antecedentes occidentales.

EL POETA DEL SUFISMO.

Se trata de Jalal-od-Din-Rumi, uno de los grandes maestros. Él nos entrega una concepción espiritual de las Escrituras.

Luego de narrar que YAHYA (que aquí es Juan El Bautista) se hinco en adoración ante el Hijo de Dios, cuando ambos, aún no nacidos, se encontraban en el seno materno, Rumi nos indica que algunos consideran falsa esta historia. Pero, también nos dice el Poeta: “el que conoce el sentido oculto y para quien está presente aquello escondido en el mundo, sabe que la madre de Juan Bautista puede aparecerse ante María, aún estando lejos de sus ojos. Continua enseñando: “los ojos cerrados ven al amigo, con la condición de que la envoltura carnal se vuelve permeable”.

Rumi nació en el Turkestán en el 1204 y murió en Turquía en 1273. Compuso operas, tratados, y poemas. Es ante todo, uno de los más grandes místicos del sufismo en plena época medieval. Toda su obra ha sido meditada continuamente a lo largo del tiempo.

Es, además, el Inspirador del poeta nacional y jefe espiritual del Pakistán Moderno: Mohamed Iqbal, muerto en 1931.

De Rumi nos llega un poema que transcribimos:

“Feliz el momento en que nos reposamos, tu y yo. Diferentes de forma y de rostro, pero poseyendo una sola alma tu y yo. Los colores del pequeño bosque y los cantos de los pájaros nos otorgan la eternidad. En el momento en que entonces en el jardín, tu y yo, les mostremos la luna y la luz, tu y yo. Tu y yo, liberados de nosotros mismos, estaremos unidos en el éxtasis gozosos y sin palabras vamos, tu y yo. En ese lugar donde reinaremos tan alegremente, tu y yo. Agazapados en el mismo nido y en este momento nos encontramos el uno en Irak y la otra en Korasaán tu y yo”.

Rumi nos alcanza a nuestra lectura un tema folklórico reconocido y lo comenta; éste maestro, interesándonos más por su interpretación que por la parábola en sí. Explica que lo que incita a buscar en lo prohibido, es justamente eso, su carácter de prohibido; el camino espiritual también lo visualiza como una aventura. En esta anécdota los protagonistas se embarcan en la búsqueda sin tener una guía y correr mayores riesgos.

En los símbolos: las diez puertas de la fortaleza representan los cinco sentidos externos y los cinco sentidos internos o espirituales. Las pinturas son solo formas y colores del mundo, que por su confusión desviaran al alma de su camino verdadero. Dos de los príncipes nada consiguieron, el tercero al que Rumi llama “perezoso”, encuentra el triunfo y la victoria. Aquí, seguramente nos preguntaremos por que, el príncipe perezoso es en realidad un ser pasivo y existe en el alma del místico algo de pasivo y abandonado, que es don de Dios, y una forma de virginidad.

Ese regalo de Dios otorga el medio necesario que deje el alma disponible para la gracia divina.

UN CLIMA DE ESPIRITUALIDAD.

Dios es buscado afanosamente  en una peregrinación religiosa, se realiza por etapas según la disposición interior de cada uno.

En la faz practica, la permanencia al Sufismo, se lleva a cabo por distintas vías o Táriqas. Estas vías no son otra cosa que caminos individuales, preparados para cada discípulo, según se den sus determinadas vocaciones. Es una cadena de orientación e iniciación personal, e individual, pero teniendo todas un mismo fin.

Tariqa significa camino o vía, es una palabra árabe. Pero una segunda acepción, durante el siglo XI, designa al conjunto de ritos de preparación espiritual. Finalmente, y como extensión del término se traduce como cofradía. Pertenecer o no a determinada cofradía, implica, vivir o no en un monasterio (fenómeno poco común), fundarse otras nuevas y estas a su vez, recibir más adherentes. Sin embargo, las une las mismas reglas de determinación, las plegarias, los ritos, etc. y por supuesto, la reunión de todos los miembros pertenecientes a una misma Tariqa.

El sufismo, en general resalta la belleza de la Realidad ultima. Según Ibn Arabi, Dios ama la belleza en todas sus formas, porque la misma forma refleja la belleza de Dios. Por lo que se deduce que la belleza, es aquí la razón suficiente de Amor.

El sufismo sirve en nuestra época, nace en una tradición universal y se encuentra con otras religiones. A su vez, necesita conocimientos teológicos e históricos de religiones comparadas, pero queremos hacer notar que, antes que nada impone una experiencia directa de los estados superiores de consciencia.

A pesar de ser el Sufismo una mística natural del Islam, su carácter universal no es de este tiempo, sino que, desde antiguo es una religión totalizadora. Se ha deslizado a través de distintos dogmas y personas, son ejemplos: Sahawardi, Platón, Hermes, Mahoma, etc.
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