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  Bloqueo Emocional e Inmigración




Bloqueo Emocional e Inmigración

por María Clara Ruiz
mariaclararuiz.com

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Hay quienes viven la experiencia de la migración como una más en la vida, sin darle demasiada trascendencia. Hay otros/as, para quienes la migración supone un cambio tan radical, que atraviesa todos los demás aspectos de las vivencias cotidianas.

Hablar de la inmigración y de sus implicaciones en la salud mental es tratar un tema que es muy amplio y está en constante cambio, ya que se ve continuamente influenciado por los movimientos sociales, que nunca son estáticos. Y ya que, por estos tiempos, el bloqueo emocional es una de las problemáticas más frecuentes en las llamadas sociedades “desarrolladas”, dedicaremos este informe a alguno de los factores que contribuyen a su asentamiento, cuando se es inmigrante.

Recordemos lo dicho en otra ocasión, hablando del bloqueo emocional:

 
“La sensación es de atasco, de tener una serie de sentimientos y emociones que no saben por donde salir, pues las vías de expresión están obturadas, tanto, que en algún momento ni se contemplan ya, quedándose dormidas mientras el cuerpo va perdiendo su elasticidad natural. Así es como uno se acostumbra a vivir desligado de afectos y sucesos, ignorante ante las oportunidades de contacto real con uno mismo y con los demás”.

Se entenderá que, al haber emigrado, puede hacerse difícil el contacto real con el mundo – e incluso con uno mismo- y esto es más factible cuando la migración viene acompañada de un proyecto extremadamente exigente. En estos casos -que son la mayoría- las fuerzas alcanzan para lo imprescindible, es decir, para cubrir las necesidades más básicas y aunque sabemos que estar en contacto con nuestras emociones es vital, no estarlo no nos mata, al menos el primer día. La red de apoyo, las figuras de confianza han desaparecido de la vista y hace falta armarse de un buen paquete informático y de una capacidad imaginativa suficiente para vivir pensando que uno sigue viviendo acompañado, al menos hasta que empieza a crear vínculos en el nuevo lugar, llamado, a veces paradógicamente, de “acogida”.

Y ahí es cuando más posibilidades tiene de hacerse presente el bloqueo emocional. Cuando después de un tiempo de ajuste hay que empezar a hacer parte de una cultura con la que se ha creado una relación ambivalente. Una cultura en la que se han puesto en marcha las defensas del carácter inevitablemente -que para eso están, para actuar en momentos en que hay que estar alerta, sobrevivir, ganar la carrera-. Pero cuando ya se está del otro lado, cuando no hay más guerra que combatir, cuando se puede quitar la armadura protectora y descansar… ¿qué sentido tiene seguir con ella puesta?

Algunos hablan de no sentirse nunca seguros, de sentirse permanentemente amenazados en un país en el que nunca se encontrarán como en casa. Otras se justifican diciendo que no vale la pena hacer amigas aquí, si mañana volverán a su lugar de origen. Hay quienes comentan que “no se puede estar con Dios y con el Diablo al mismo tiempo”.

Este último comentario nos ofrece una gran comprensión de lo que puede pasar en el interior de una persona inmigrada, más allá de la apariencia externa, de su miedo, su tenacidad, su dulzura o su impermeabilidad. Y es que hay un conflicto de lealtades que se va agravando con el tiempo, a medida que se van creando nuevos vínculos, situación apenas lógica en un nuevo lugar de residencia.

Este conflicto se refleja en detalles aparentemente insignificantes, como la preferencia por un equipo de fútbol, el tipo de alimentación, la ropa, el lenguaje, las actitudes, las actividades, etc. Es decir, lo que nos identifica, lo que usamos para decir quienes somos. Y en esta situación de inmigración, tantas veces se retoma algo de “allá” como se asume algo de “aquí”, proceso normal de inclusión en una cultura diferente.

El conflicto sucede cuando no es posible conciliar los dos mundos, ya sea por impedimentos internos o externos. De cualquier manera, se alimenta una oposición que no debería existir, que resulta violenta e innecesaria. Porque, por ejemplo, preguntar a un inmigrante: ¿Donde prefieres estar: aquí o en tu país?, es como preguntar a un niño: ¿A quien quieres más: a papá o a mamá?.

Al no poder sincronizar los dos “amores”, es apenas comprensible que se produzca un bloqueo emocional, consistente en no sentir. No sentir ni pena ni alegría, ni dolor ni emoción, ni ilusión ni decepción, ni odio ni amor. Aplanar el afecto, anestesiarse, mantenerse en la periferia emocional para responder mecánicamente a las exigencias cotidianas sin plantearse nada más.

Son incontables los motivos por los que se cae en este estado. Y en el contexto de la inmigración se ha avanzado, pero aún falta mucho en lo que tiene que ver con la salud mental. Tomemos en cuenta que, así como emigramos con más o menos recursos económicos, con más o menos capacidades profesionales, con más o menos fuerza física, también venimos con más o menos capital emocional, con una historia, con un bagaje afectivo, con relaciones sanas y perversas, con algunas tareas emocionales pendientes, con duelos no resueltos… que difícilmente se reflejan mejor en otras vivencias, como en la de la inmigración.

Vivir conscientemente las diversas emociones causadas por la experiencia migratoria es un antídoto contra la depresión, la ansiedad, las enfermedades psicosomáticas, las enfermedades crónicas, etc. Con razón o sin razón, habiéndose equivocado o no en la apuesta, la salud mente-cuerpo es una prioridad y las emociones están esperando su expresión, aún cuando no queramos -o no sepamos- darles una salida. Esto también es buscar una mejor calidad de vida ¿O no?


Bienvenido a su nuevo país: cómo sobrellevar los problemas emocionales que causa la inmigración

Comprender el lado emocional de inmigrar, y aprender cómo sobrellevar el choque cultural le ayudará a adaptarse a su nuevo hogar.


Si usted recientemente inmigró a un nuevo país, probablemente se siente como un pez fuera del agua. Quizá las personas hablan más rápido de lo que usted había anticipado, o su nueva comunidad no es exactamente lo que esperaba. Tal vez no es tan fácil orientarse, o las personas no parecen dispuestas a ayudar. Puede ser que extrañe su país y su forma anterior de vida. Quizás hasta esté considerando regresar a su país.
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Los sentimientos que usted tiene y las experiencias por las que está pasando son normales. Se los conocen como “choque cultural,” y afecta a todas las personas que están aprendiendo a vivir en un ambiente nuevo y diferente. Comprender el lado emocional de inmigrar, y aprender cómo sobrellevar el choque cultural le ayudará a adaptarse a su nuevo hogar.

Comprenda el choque cultural

El choque cultural generalmente no llega repentinamente así como el término lo sugiere. Es más bien la acumulación de experiencias y emociones que pueden ir y venir durante las primeras semanas o meses después de su llegada. Al igual que el dolor, el choque cultural y la adaptación implican una serie de fases predecibles, las cuales que finalmente conducen a la persona a que se integre con éxito en la nueva sociedad.

Fase 1 - Al llegar a su nuevo país, usted se sentirá lleno de energía y listo para explorar ansiosamente su nuevo ambiente. Satisfacer las necesidades inmediatas parecerá una aventura, y probablemente se dará cuenta que la mayoría de las personas son amigables y están dispuestas a ayudar. Se concentrará y le reconfortarán las similitudes entre su nuevo país y su parís de origen.

La Fase 2 - La segunda fase podría surgir de una crisis seria o de varias experiencias negativas y problemas que hacen que la vida cotidiana sea difícil. Las reacciones comunes durante la fase 2 incluyen:

  • sentimientos de soledad, tristeza o de estar alicaído; deprimido
  • experimentar malestares físicos como molestias o dolores o síntomas de alergia
  • dormir muy poco o dormir demasiado
  • sentimientos de frustración, ansiedad, ineptitud, inutilidad, vulnerabilidad o de ser víctima de injusticias
  • estar demasiado preocupado con su salud, alimentos y limpieza
  • sentimientos de ira o de resentimiento hacia el nuevo país; estereotipar al nuevo país y a la gente como “malos” 
  • idealizar su forma de vida anterior o su país de origen
  • sentimientos de nostalgia por el hogar y de pérdida de su identidad
  • tener dificultades para resolver pequeños problemas y situaciones

    La fase 2 puede durar meses y puede ser particularmente aguda si el nuevo país es muy diferente al que dejó, o si existen factores como barreras de idioma o dificultades financieras. En algún momento, usted se preguntará, “¿Qué estoy haciendo aquí?”

 

Fase 3 - La tercera fase señala un punto decisivo. Comenzará a sentirse capaz de adaptarse al nuevo país al desarrollar habilidades para resolver problemas, sin embargo se dará cuenta que continuará teniendo desafíos. Esta fase supone refinar su reacción ante las crisis y ante los problemas recurrentes. Desarrollará un sentido del humor acerca del proceso, comenzará a disfrutar los aspectos de su nueva cultura y obtendrá el deseo de formar parte de la misma.

Fase 4 - El equilibrio emocional regresa y usted logrará tener una sensación de pertenecer a la nueva sociedad y de estar integrado en la misma. Enfrentar las crisis cotidianas dejará de ser su punto central. Más bien, comenzará a pensar en el futuro—establecerá metas a largo plazo y desarrollará ideas acerca de cómo quiere vivir en su nuevo país.

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Fase 5 - Llamada el “choque de reentrada”, esta fase ocurre si regresa a vivir o a visitar su antiguo país. Usted habrá adoptado muchos aspectos de la nueva cultura, y por lo mismo, sentirá que ya no se adapta a su comunidad anterior.

Cómo facilitar la transición

Aprender cómo adaptarse a su nueva cultura llevará tiempo, y experimentará contratiempos en el camino. Las siguientes sugerencias le ayudarán a mantenerse en buenas condiciones físicas y mentales para evitar que los contratiempos perjudiquen su progreso:

  • Sea optimista y mantenga los problemas en perspectiva.Cuando le suceda algo malo, concéntrese en lo positivo.
  • No se esfuerce demasiado. Usted no puede precipitar la asimilación. Pero puede familiarizarse con los aspectos de su nuevo país que podrían ser problemáticos.
  • Cuando ocurran problemas o malos entendidos, piense cómo podría reaccionar de alguna manera diferente con el objeto de que la próxima vez que se encuentre en una situación similar consiga un resultado positivo.
  • Haga ejercicio, aliméntese bien y evite las bebidas alcohólicas y las drogas.
  • Encuentre la manera de estar en contacto con su grupo étnico, el mismo que le ayudará a mantener las tradiciones que son importantes para usted. Sin embargo, evite vivir en un enclave étnico, ya que puede impedir que usted aprenda cómo vivir en la nueva sociedad.
  • Busque las oportunidades para interactuar en su nueva cultura, y practique un nuevo idioma si es necesario.
  • Evite establecer metas poco realistas. En su lugar, dé algunos pasos pequeños y recompénsese por pequeños logros.
  • Concéntrese en la familia. Es su principal fuente de apoyo.
  • Tenga amplitud de criterio; no juzgue creencias ni prácticas que sean diferentes a las que usted tenga.
  • Mantenga un sentido del humor.
  • Esté preparado para el fracaso. Acepte sus fracasos, y siga adelante.
  • Busque ayuda de los demás.
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