Poesías “Fantasía”

Por Elsa Bornemann

ABANICO 

El pobre abanico
quedó en el baúl,
junto al miriñaque
y la cofia de tul.

En traje de seda
con flores de azahar
—pintadas a mano—
ya no va a pasear.

Nadie lo recuerda…
Todos tienen prisa…
Ninguno le pide
su baile de brisa.

La gente prefiere,
al ventilador
o a su rico nieto,
acondicionador.

Por eso, en las noches
tibias como mantas,
busco al abanico
y le digo: —¡Me encantas!

Y él, regalando
su frágil aliento,
vuelve a ser —dichoso—
danzarín del viento.

CUENTO DE MENTIRA

Ayer me pidió Edelmira
un cuentito de mentira.

Que no, que sí, como ve
este cuento le conté:

“Vi una camaleona
con un camaleón

paseando hace un rato
y un negro ratón,

y para Edelmira
cuento el papelón

de la camaleona
con el camaleón:

Ella iba en bombacha,
él en bombachón.

Ella sin camisa,
él en camisón.

Él llevaba un bolso
y ella un bolsón,

ella con dos manchas
y él con un manchón.

Pero la pareja
me dijo: —Perdón

¡váyase al teatro
si quiere función!

Desaparecemos…
¡Abajo el telón!”

¿Cómo? ¿Qué dice, señor?
¡Hable alto, por favor!

¿Que nunca vi a camaleones
hacer tantos papelones

y ni conozco a Edelmira?
¡Si es un cuento de mentira!

EL ESPEJO DISTRAÍDO 

Tengo un espejo distraído.
Me marea con sus olvidos.
Sé que no lo podrán creer
pues —coqueta— me miré ayer
y él, como siempre está en la luna,
no reflejó imagen alguna.
Por supuesto, yo me asusté;
muy enojada lo reté.
Él, entonces, se disculpó
y enseguida me dibujó…
mas con la cara empañada
y media trenza borroneada.
Adivinen lo que pasó
cuando mi tío se miró
utilizando una gran lupa
y teniendo la gata a upa…
Pues mi espejo tan distraído
hizo una mezcla, confundido,
y mi tío se vio con cola,
bigotes, una mano sola,
el chaleco descolorido
y su cigarro en dos partido.
¡Y la gata casi se mata
al reflejarse con corbata!

EN LA PALABRA ZOOLÓGICO 

En la palabra Zoológico
hay un Zorrino insolente,
dos Osos blancos enanos,
un León flaco, con lentes,
un Oso calvo, africano,
un Gorila impertinente,
una Iguana nadadora,
una Cebra peleadora
y otro Oso negro, sin dientes.

Debiera estar enjaulada:
¡Es palabra peligrosa!
La gente no nota nada…
la deja suelta… ¡Qué cosa!

LA BALLENA BEBÉ

Una ballena bebé
(o sea, una ballenita)
por culpa de un pescador
perdió un día a su mamita…
y en su cuna de coral
quedó, entonces, muy solita.
Lloró mucho, acurrucada
bajo su colcha de arena…
pero si el mar es mojado
y sala todas las penas
¿quién diablos iba a notar
sus lágrimas de ballena?
Pero una vez, en que estaba
haciendo tristes pucheros,
se le acercó un submarino,
y como era el primero
que ella veía bajo el mar,
siguió feliz su sendero.
—Pero, ¡ay! ¿qué es eso que
mi periscopio está viendo…?
—así gritó el submarino—.
¿Una ballena siguiendo
la ruta que abro en el mar…?
¿Qué querrá…? ¡Yo no comprendo!
Pero de pronto sintió
una caricia chiquita
en su cara de metal
y oyó que la ballenita
con amor le repetía:
—¡Por fin volviste, mamita!
Y emocionado entendió
el submarino tan duro:
adoptó a la ballenita
su corazón de aire puro
y, desde entonces, van juntos…
Yo los he visto. Lo juro.

LOS NÚMEROS

El número UNO
vive en una casa
solo… ¿Qué le pasa?
El número DOS
es de los amigos.
Tiene dulce voz.
El TRES se divierte
y sus medias lunas
prende para verte.
CUATRO Maravilla,
patas para arriba
te ofrece su silla.
El CINCO te espera
usando una recta
gorra con visera.
El SEIS, bostezando,
con su pluma roja
se viene acercando.
Te saluda el SIETE
y su regia espada
al medio se mete.
El OCHO, que pinta,
aquí te regala
dos ruedas de tinta.
El NUEVE, celoso,
trae para darte
un globo precioso
y el loco Don CERO
se viene rodando
por todo el sendero.

ME ENCONTRÉ CONMIGO

Es algo increíble
lo que me pasó…
¡Qué susto terrible!
¿Creen si les digo
que al doblar la esquina
me encontré conmigo?
¿Qué haces por acá?
Me dije asustada…
¿Y cómo te va?
¿Por qué lo preguntas
si tú ya lo sabes?
¿No vivimos juntas?
En un momentito,
todo eso me dije
pegando un saltito.
La noche estrellada
con la boca abierta
miraba asombrada.
Y si hasta temblando
Don Mudo, el Silencio,
se quedó escuchando…
No quise mirarme.
Cerrando los ojos
giré hasta marearme…
Un paso atrás di
y con media vuelta…
¡desaparecí!

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