Disculparse: esencial en cada dinámica familiar

Los niños aprenden a disculparse al ver a sus padres decir esa palabra.  Sin embargo, no en todas las familias, los padres pueden disculparse con sus hijos cuando una situación lo requiere, cuando las circunstancias lo exigen. A menudo olvidamos que estos son los cimientos sobre los que se construyen los mejores lazos, los más felices y respetuosos.

Un aspecto que se pasa por alto en muchas dinámicas familiares son los estilos comunicativos . A menudo desconocemos la gran cantidad de códigos, órdenes invisibles y huellas psicológicas que proyectamos a través de lo que hacemos, decimos y, sobre todo, “no decimos”.

“Si comete errores, demuestre que puede tener la humildad de disculparse, si reconoce que está equivocado, demuestre que tiene el coraje de decir que lo solucionará”.

¿La forma en que interactuamos sienta las bases de la armonía o, por el contrario, hace que las semillas de la infelicidad germinen en nuestro núcleo de relación más cercana? Esta pregunta indudablemente merece reflexión. Ya sea que predomina una u otra dinámica, está claro que todos cometemos errores y “necesitamos” disculparnos. Así que reconocer los momentos en que necesitas disculparte también es parte de la inteligencia emocional.

Saber pedir disculpas
Saber pedir disculpas

Esta dinámica, esta práctica saludable y estimulante es a su vez vital en la educación y capacitación de nuestros niños. Es un medio muy útil para transmitir a los niños un sistema de valores con el que tener una visión más veraz del ser humano, concebirse a sí mismo falible pero aún loable, ya que pueden pedir perdón  y mejorar sus actitudes, cuidar sus afectos y relaciones propias

Disculparse: práctica fundamental de convivencia

Todos cometemos errores. Nadie viene al mundo con este material que lo hace inmune a errores, errores o malentendidos. Nadie, por lo tanto, en educación y educación es ajeno a errores, prácticas inadecuadas, enfoques inadecuados, distracciones, etc. El secreto no es cometer más o menos errores con nuestros hijos , sino la forma en que manejamos las consecuencias.

Identificar el error y reconocer nuestra responsabilidad disculpándose con un niño también es educar. Sin embargo, nuestra “cultura” como adultos no siempre aprueba o apoya estos gestos, como si los propios padres tuvieran miedo de destruir el mito de la infalibilidad frente a sus hijos. ¿Por qué,  si nosotros mismos pasamos todo el tiempo tratando de hacer que los pequeños aprendan a disculparse, cómo podemos hacerlo nosotros mismos? Al hacerlo (algunos creen) corre el riesgo de perder autoridad, de desacreditarse …

Es una idea generalizada entre los padres. Esto lo hace el padre que alimenta a sus hijos con increíbles promesas que posteriormente no cumple; la madre lo comete y termina regañando a su hijo por cualquier tontería, no pudiendo manejar en un momento dado esa ansiedad relacionada con el trabajo que no puede dejar afuera de la puerta principal.

Pedir “perdón” es una práctica básica de convivencia, es el camino más correcto cuando surge un problema del cual, como adultos, somos responsables . Del mismo modo, pocos actos contienen una expresión tan válida de empatía y un reconocimiento de las reglas de convivencia; normas que todos, grandes y pequeños, estamos obligados a respetar por el bien común.

Aprende a ser una familia

Muchos de nosotros pasamos los días pidiendo “perdón” por las actitudes más banales. Hacemos esto cuando nos topamos con alguien, cuando olvidamos dar paso a otras personas en el autobús, cuando olvidamos llevar el libro a un compañero o colega. Si es importante practicar este arte en los actos más pequeños y banales, es igualmente importante practicarlo con las personas más cercanas a nosotros, a quienes amamos más.

Por lo tanto, no debemos dar por sentado que siempre seremos perdonados porque los vemos todos los días o porque son nuestros socios, hijos, padres, hermanos, etc. Porque el amor, el afecto y el bien deben ser protegidos y nutridos   Aprender a disculparse significa ser una familia, crear un contexto en el que criar  niños  más felices a partir de algunos valores adecuados. Veamos a continuación para seguir los principales beneficios.

Disculpas familiares
Disculpas familiares

Disculpe a nuestros hijos, un paso con grandes beneficios.

  • Disculparse con nuestros hijos nos ayuda a centrarnos más en nuestra rutina.  En nuestro abismo diario, el acto de adquirir conciencia de nuestra falibilidad con ellos nos permite estar más anclados al presente, a las necesidades más inmediatas del pequeño.
  • También es aconsejable comprender que disculparse con un niño no es una debilidad . Por el contrario, es una demostración de madurez y responsabilidad.
  • A su vez, al reconocer el error cometido con nuestros hijos, evitamos  que las situaciones se vuelvan más complicadas y que gradualmente dejen de creer en sí mismos .
  • Las situaciones en que los adultos pueden disculparse y perdonar a los niños son importantes oportunidades de aprendizaje para ambos. Las personas adultas no son infalibles y cometer  errores  está escrito en nuestro ADN,  un entrenamiento adecuado para mejorar como seres humanos.

Para concluir, toda la familia debe comprender que uno debe desear crecer en armonía y felicidad, y que saber disculparse es  un acto psicológico que ofrece beneficios para todos . Pongámoslo en práctica sin miedo, sin dudarlo . De ahí saldrá un valor inestimable: mejor comprensión de nosotros mismos.

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